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Lo que llamamos “información”

Estás perdido en medio del desierto. A cinco días caminando de la población más próxima. La muerta acecha; estás débil, deshidratado, hambriento. Todo lo que te queda es una mochila repleta de dinero.

Y, en ese fatídico momento, aparece el típico geniecillo que te ofrece agua y comida por mil euros. Aceptas sin vacilar, no estás para regateos. Logras caminar una jornada completa, al anochecer aparecen dos genios para ofrecerte la cena, se la compras al que pide ochocientos euros. Al despertar te esperan cinco genios, cada uno te ofrece su desayuno, tan solo pagas quinientos euros.

Sorprendentemente, según caminas comienzan a aparecer genios con bebida y comida detrás de cada duna. El desierto se convierte en un mercadillo donde todos vociferan sus mejores ofertas; siempre a la baja. Al día siguiente, comer y beber te sale gratis, siempre que les compres un sombrero o unas gafas que te alivien de la tortura del sol.

La teoría económica de la utilidad marginal dice que el valor de un producto desciende a medida que las necesidades están satisfechas y garantizadas. Si hay poca oferta y mucha necesidad, pagaremos caro aquello que nos hace falta. Si la oferta abunda y cubrir la necesidad está garantizado, los vendedores tendrán que ponerlo baratito

Hace siglos que la oferta crece sin parar; industrialización, mecanización, robotización. Como la demanda ha seguido la misma tendencia, al acceder más gente a comprar productos y surgir nuevas necesidades, el mercado ha ido reequilibrando la balanza. Pero, ahora mismo, ya se fabrica mucho más de lo que se puede vender. Algunos afortunados encuentran clientes, y muchos desdichados ven su mercancía apolillarse en el almacén. Ni el más alocado consumismo es capaz de absorber tan descomunal oferta.

 ¿Qué pasa con los productos digitales?

Estos bienes intangibles se producen infinitamente a costes irrisorios o inexistentes; tan fácil como duplicar un archivo. Así que su valor tiende a ser nulo. La piratería de la música era un indicio de este hecho inexorable. Vinilos, ediciones de lujo y eventos en vivo son ahora las alternativas más rentables; productos tangibles y limitados que reequilibran oferta y demanda. A los videojuegos se añaden accesorios físicos, los paquetes de televisión se vinculan a la conectividad, que requiere de infraestructuras y de aparatos. Distintas alternativas para afrontar el mismo hecho.

 El precio se hunde, pero, ¿y la calidad?

Producir muy barato para vender gratis o casi gratis, tarde o temprano, rebaja la calidad. Centrémonos en el ejemplo de la información. Un diario online ingresa menos que los antiguos medios analógicos. Pese a contar con mayores audiencias, hay infinidad de competidores reproduciendo algo similar. Eso implica que dispongan de menos reporteros en el lugar de la noticia para aportar un punto de vista fresco y directo.  Que se limiten a rebotar lo que envían las agencias añadiendo algún matiz. O a reproducir lo que les mandan las partes interesadas sin aplicar los más elementales filtros de contraste y veracidad. Su verdadera aportación es, en muchos casos, las opiniones que generan a partir de un misma noticia. Cada vez es más barato sentar a alguien en una silla, o ante un ordenador, para que suelte su perorata.

Cuando las noticias son un mercadillo de saldos, el verdadero objetivo pasa a ser utilizar cualquier práctica, por peregrina que sea, para seguir atrayendo la atención de la gente e ingresar lo que se pueda con la publicidad.

 ¿Qué ocurre con las noticas?

Al comprar un periódico no pagamos por el papel, pagamos por las noticias, y las palabras e imágenes que las conforman. Según la teoría de la utilidad marginal ahora, al reproducirse infinitamente, también tenderían a no valer absolutamente nada.

No hace tanto, para difundir una noticia o opinión, era necesario acceder a unos medios de comunicación limitados que disponían de un espacio escaso. Aunque te lo montaras por tu cuenta, era un esfuerzo notable el simple hecho de maquetar cuatro páginas, fotocopiarlas, poner una grapa y distribuirlas. Había una oferta limitada, costaba producir, pero, en muchos casos, el público pagaba por ello. Las noticias tenían una vigencia mayor, no podían consumirse tan desaforadamente aunque se quisiera. Nuestra relación con ellas, y sus palabras e imágenes, era más estrecha; las paladeábamos para sacar el máximo partido a las que caían en nuestras manos.

 ¿Cómo nos ayudan las noticias en nuestra vida?

De un modo que está íntimamente ligado a la calidad. La cantidad, aunque tiene su importancia, es secundaria. Para acumular y procesar una gran cantidad de datos ya están las máquinas. Pero nosotros, para evolucionar, para hacer aportaciones interesantes, e incluso para sentirnos bien; todo lo que necesitamos es profundizar, y llegado el caso deleitarnos, con unos pocos datos cada vez; y dejar que ellos, de manera natural, conecten con muchos otros. La desmesura, y la baja calidad, no hacen otra cosa que entorpecer este propósito.

 Una imagen vale más que mil palabras.

Esta frase es un tópico del pasado. De cuando lograr una imagen era difícil y costoso, al contrario que el texto que llevaba siglos de ventaja tecnológica. Ahora es tan fácil, o más, producir una imagen que un texto. Nos hemos acostumbrado a verlas, a producirlas nosotros mismos; estamos también saturados de ellas. No me atrevería a decir cuál su relación de valor actual; aunque temo que ambas valen muy poco.

 ¿En qué se está convirtiendo la información digital?

En el platito de cacahuetes que nos ponen gratis al pedir una cerveza, un aliciente para pedir otra consumición. El negocio no son los cacahuetes, ni la información, el valor marginal de ambas es cero; es la cerveza o la publicidad.

Si tanto las noticias como el lenguaje moldean nuestra relación con el mundo a todos los niveles, desde los íntimos hasta los generales; ¿qué pasa cuando se abaratan y se vulgarizan hasta tales extremos?. Estamos considerando a la posverdad y la manipulación informativa como intromisiones o usos ilegítimos del sistema. ¿Y si no fuera así?. Si fueran reacciones lógicas. Si la información solo sirve como gancho para vender otras cosas, la posverdad y la manipulación serían los aditivitos que se usan para elaborar esa cosa barata que tiene apariencia de comida, sabe más o menos a comida, y encima genera adicción. De ser así, surgirán más aditivos, cada vez más baratos y potentes. El propio sistema estará empujando para que así sea.

Publicado enNarrativaReflexiones

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